El deporte al aire libre

¿Qué nos aporta?

 Vale, te compro que en el gimnasio conoces a unos cuantos. Ya sabes, os veis sudar y eso crea vínculo, quieras que no. Pero después está la naturaleza. Ahí no tienes que escuchar ningún gemido ni sonido molesto más allá de la música que escojas. Una buena riñonera, de esas con las que parece que no llevas nada de lo ergonómicas que son. Tu botellita de agua, de las que mantienen el agua fresquita, y pa’lante. ¡El mundo es tuyo! Además, seamos sinceros, estar entre árboles lo vuelve a uno salvaje. ¿Acaso no es eso liberador? ¡Lo que más! Y oye, si tienes que aullar en mitad del bosque… siempre le puedes echar la culpa a algún animalito. En caso de ser cazado en directo, me refiero. QUÉ NOS APORTA Yo sé lo que me vas a decir. “Es que si no voy al gimnasio, no me obligo a hacer deporte”. Hasta que tienes que hacerlo para sentirte mejor, y hay algún monitor que no tragas… Pero ya en serio. ¿Qué nos aporta el aire libre que no nos pueda conceder un lugar cerrado? Pues, a ver… lo primero es de perogrullo, pero tengo que decírtelo… para mantenerse saludable, lo mejor es que esté todo ventilado. En otras palabras, al aire libre. No voy a mencionar todos esos estudios que lo acreditan. No, voy a ir más allá. O más atrás, mejor dicho. Es más, me voy a poner arcaica. ¿Alguna vez has escuchado eso de que vivíamos al aire libre, refugiándonos en cuevas para guarecernos de los peligros de la naturaleza? Vale que de eso hace mucho tiempo. Pero ¡es que es genético! Nuestros antepasados no pasaban bajo techo más tiempo del necesario. Así se ‘llenaban’ de vida. Y qué decir de eso de reencontrarnos con lo que siempre hemos sido, nuestros orígenes. Al aire libre no hay prejuicios, solo nos tenemos que limitar a disfrutar de aquello que veamos en el horizonte. Y, por si fuera poco, voy a darte algunas razones más: – Nos libra de fatigas y sofocos. El ritmo que llevamos de vida hace que debido a nuestro trabajo o nuestras obligaciones tengamos que desarrollar nuestras actividades entre cuatro paredes. ¡Debemos de coger la buena costumbre de salir a la naturaleza! – Cambiamos de ambientes, de ‘aires’. El running, el senderismo y otras actividades con la misma esencia ayudan a cambiar de escenarios. Aunque repitas el mismo ejercicio. Buscarás llegar más allá. Y te aficionarás, no me cabe la menor duda. – El sol nos proporciona las vitaminas que no podemos conseguir de otra forma. Los que no han dispuesto de balcón durante el confinamiento lo saben. No hace falta que hable mucho más de la importancia de la estrella que más brilla… y su efecto sobre nosotros. – Podemos correr en el sentido contrario al estrés. Y liberarnos. – Y lo mejor de todo, sin duda: seguimos manteniendo el figurín que nos ha regalado dios. Ya sabes. Si no te cuidas tú, ¿quién va a hacerlo? ¡Corre!

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